La Cárcel está en tu mente. Las llaves, en tu mano.
Edith Eger.
A partir de un sugerente y provocador título, En Auschwitz no había Prozac -que reúne en un solo nombre el oprobioso campo de concentración con la nominación comercial de un fármaco antidepresivo distribuido a nivel masivo desde 1987-, la Doctora en Psicología Edith Eger, que padeció en su primera juventud los horrores de ese campo, nos revela la capacidad humana de sobreponerse a las mayores desgracias.
La autora nos presenta un libro donde nos muestra que somos nosotros quienes solemos construir nuestras propias cárceles mentales, allí donde nos recluimos y padecemos. A la vez, nos señala la buena noticia: la llave de salida de nuestra cárcel la encontramos precisamente en nuestros propios bolsillos.
El libro de Eger ofrece valiosos recursos para poder liberarse de pensamientos perjudiciales, miedos y ansiedades que nos encarcelan.
Analizaremos algunas de sus orientaciones más relevantes:
Más si y menos no:
Cuando hemos experimentado un trauma o pasamos por momentos de crisis, no solo huimos de los pensamientos y sentimientos desagradables, señala Eger, también huimos de los sentimientos agradables.
¿A qué se debe esta reacción tan paradojal?: Se debe al hecho que adoptamos una actitud punitiva e intransigente con nosotros mismos, nos privamos -como consecuencia del trauma- de estar bien y de los sentimientos de bienestar. Es decir, nos convertimos en sancionadores y jueces implacables de nosotros mismos.
Edith Eger nos propone practicar más síes y menos noes en nuestra vida. Lo sentimientos agradables tales como la alegría, señala, también se practican y pueden convertirse en un hábito, como cuando practicas una cosa y te vuelves mejor haciéndola. Se trata entonces en dedicar momentos del día a practicar más síes en nuestra cotidianidad.
Ser humano significa ser falible:
Otras de las cárceles mentales que identifica la autora y que suelen ser recurrentes y agotadoras son los pensamientos de insuficiencia: pensar que no somos lo suficientemente buenos, que no valemos para esto o para aquello. La libertad frente a esas cárceles mentales consiste en la aceptación de nuestra integridad e imperfección, y renunciar a la idea inalcanzable de perfección.
Eger nos propone pasar algunos momentos del día oyendo nuestros pensamientos, dándonos cuenta a que tipo de pensamientos prestamos más atención, pues aquellos pensamientos donde ponemos el foco son justamente los pensamientos que reforzamos y estos influyen en nuestros sentimientos y en nuestras conductas. Si ponemos el foco en pensamientos negativos no tenemos por qué guiarnos por esas pautas y mensajes. Nos motiva la autora a que siempre podemos reescribir nuestro guion interno.
Buscando los matices:
Una mente rígida vive constantemente en dicotomías: positivo/negativo, bueno/malo, inocente/culpable. Para una mentalidad rígida la vida se juega en absolutos, o es todo o nada, así cualquier cosa, por trivial que parezca, se ve como una lucha de vencedores o vencidos, estas de un lado o estas del otro. La clave, nos sugiere Eger, es buscar los matices, ver mas colores que el blanco y el negro. Si comprendemos que la flexibilidad es fuerza, este principio resulta aplicable tanto en el cuerpo como en la mente: eres fuerte cuando eres ágil y flexible.
