“La muerte en su más amplio sentido es un fenómeno de la vida. La vida debe comprenderse como una forma de ser a la que es inherente un ‘ser-en-el-mundo’”. Martín Heidegger
La muerte de un otro significativo es de los acontecimientos más desestabilizadores que puede experimentar un ser humano a lo largo de su vida. Los niños no son la excepción ni están lejos de dicha realidad, aunque a menudo se les cree ajenos a la experiencia de muerte, y se incurre en ese errado y poco sano intento -por parte de los adultos- de querer tender sobre ellos una suerte de manto de “protección” filial y así mantenerlos distantes de este vital acontecimiento, ya sea suprimiendo información relevante, o desvirtuando la realidad con frases de ocasión como: “Tu padre ha hecho un largo viaje”. Lo cierto es que el niño/a no es indiferente a ningún acontecimiento de la vida, ni menos aquel que impacta de manera tan decisiva en su núcleo más cercano.
La idea que tienen los niños/as sobre la muerte varia según la edad. Podemos, entonces, establecer una serie de etapas a propósito de como un niño/a enfrenta la desaparición física de un otro cercano: Hasta los 3 años los niños/as no tienen un concepto acabado de la muerte, viven la pérdida como ausencia o separación de la persona cercana fallecida, siendo muy sensibles a los cambios de rutina, que expresan inicialmente en síntomas ansiosos -aumento del llanto e irritabilidad- generando un alteración de su estabilidad y bienestar infantil.
Los niños en edades entre 4 y 7 entienden la muerte como algo pasajero y reversible, como alguien que duerme pero que en algún momento volverá en sí misma. Tienen un predominio del pensamiento mágico, por ende, creen que la persona fallecida se despertará en algún momento. La muerte para ellos no es algo permanente. Su comprensión del mundo es más bien y en gran medida subjetiva. Frente a la muerte de una persona significativa podrían manifestar alteraciones en el ciclo sueño-vigilia, sensación de frustración y ambivalencia afectiva hacia la persona fallecida -amor/odio-, enuresis -no control de la orina-, etc.
A la edad de 7 a 11 años presentan una idea más acabada del concepto de muerte. En cuanto lo real es entendido bien a esta edad y tienen una comprensión más compleja del mundo, empiezan a asimilar la muerte como un hecho universal e irreversible, sin embargo, el fin de la vida les resulta aún lejana y difícil de encajar en su cotidianidad infantil. El aislamiento, labilidad emocional, dificultad para verbalizar sus emociones y sentimientos de culpa son algunas de las reacciones que podría manifestar frente al muerte de una persona significativa.
Los adolescentes, por su parte, ya razonan de manera abstracta y poseen una comprensión y representación algo más madura sobre el concepto de muerte y de la vida cotidiana. Es posible que frente a la perdida de un ser querido manifieste: apatía, hostilidad, aislamiento, síntomas ansiosos y/o depresivos, trastornos del sueño.
Algunas orientaciones:
- Evite respuestas ambiguas sobre el tema. Sea honesto/a y adapte el relato tomando en consideración la edad del niño/a y sus características personales.
- Recordar la idea de no-retorno del ser querido. Ser receptivo y respetuoso a todas las preguntas que puedan inquietar al niño/a.
- Generar espacios de seguridad y contención para expresar las emociones relacionadas con la pérdida de la persona cercana.
- Permitir al niño estar triste y vivir su proceso de duelo.
- Comparta también con su hijo/a acerca de como usted se siente por la pérdida del ser querido, esto permitirá al niño/a validar y regular sus propias emociones, entendiendo que es normal estar triste, sentir rabia o llorar frente a lo ocurrido.
- Si bien la comprensión de la muerte en los niños y niñas depende de su etapa de desarrollo, es necesario considerar de igual manera otras variables que actúan en ella, tales como: el contexto sociocultural, las competencias de los padres o cuidadores para abordar el tema, y las características personales de cada niño y su exposición a experiencias al proceso de duelo.
Si tiene alguna duda de como afrontar este tema con su hijo/a puede escribirnos al correo: clinica@programaimago.cl
