La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en el sentido de tremenda responsabilidad.
Gabriela Mistral.
La familia suele considerarse como el primer ambiente en el que se desarrolla un niño, el espacio donde se generan los primeros vínculos afectivos. Cumple, también, con un rol formativo, ético y social que influyen en el niño y en su desarrollo infantil. De hecho, las primeras normas que conocerá el niño son aquellas establecidas por su entorno familiar, por las figuras más significativas de su crianza.
Sabemos que el niño necesita de normas claras para un adecuado desarrollo. El establecimiento de límites permite a los niños y niñas poder entender que hay ciertas cosas que se pueden hacer, así como ciertas cosas que no se pueden hacer, lo cual permite al niño internalizar las normas y ajustarse a ellas. Así, es importante que el niño comprenda las normas y las respete -las respete no por miedo, sino que logre comprender que es lo más beneficioso para él y también para los demás-. Por tanto, las normas deben ser establecidas desde el respeto y bienestar del niño y nunca desde la imposición arbitraria.
Los límites que los padres o cuidadores determinen en la crianza, permitirán el desarrollo de la empatía en los niños, generando así mismo el respeto hacia los otros.
Cuando las normas establecidas en un hogar son claras y definidas, generan sensaciones de seguridad y protección en los niños. Estos necesitan una guía coherente que les permita interpretar y comprender su contexto y cotidianidad. Esta guía es la que deben dar precisamente los padres, madres o cuidadores a través de límites claros que sean entendibles para los niños y niñas según su edad.
El objetivo principal de poner límites es cuidar, educar y proteger a los niños y niñas, ya que estos en sus primeros años desconocen las normas que les permiten estar seguros e interactuar armoniosamente con los otros.
