Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación
Proverbio árabe
Será el reconocido psicólogo, teórico e investigador Howard Gardner, quien proponga la teoría de las inteligencias múltiples, en lugar de una inteligencia única, al sostener que la inteligencia va mucho más allá de las esferas de lo puramente cognitivo, tal como era considerado hasta ese momento. Para Gardner existen diversas maneras de descubrir y conocer el mundo, punto en el que funda un enfoque de inteligencias múltiples. Entre estas diversas inteligencias es donde podemos ubicar la inteligencia intrapersonal, caracterizada por el conocimiento que la persona tiene de sí misma. Las personas que destacan en este tipo de inteligencia son capaces de reconocer muy bien sus emociones, son conscientes de sus virtudes, pero también de sus desventajas. El conocimiento que posean de sí mismos será el que les permita tomar las mejores decisiones en sus vidas, a partir de la evaluación que hacen de sus competencias emocionales y del contexto que les toca enfrentar.
Ser emocionalmente inteligente está estrechamente relacionado con la capacidad que tenemos de poder modular nuestras emociones, es decir, aquella capacidad para modificar la ocurrencia, intensidad y duración de nuestros estados emocionales, asi como también la adecuada expresión de las emociones que vivenciamos. Proceso que llamamos regulación emocional (RE).
La regulación emocional en los niños y niñas permite -según la edad- que estos puedan identificar sus emociones, expresarlas de manera adecuada y modularlas mediante estrategias. Los niños van adquiriendo estas estrategias en las primeras vinculaciones afectivas con sus figuras significativas, sus cuidadores -ya sean el padre, madre y/o abuelos-. Serán estos quienes establezcan las bases para la regulación emocional de niños y niñas. Por ello son los padres y madres quienes deben adoptar una crianza basada en una actitud atenta y sensible a las necesidades de los hijos. Quienes, en primer lugar, deben ayudar a regular y contener efectivamente las situaciones estresantes o angustiantes que experimenta el niño.
Un cuidador atento -que responda de manera oportuna a las necesidades del niño- genera en este una sensación de seguridad, bienestar y confianza, claves para el desarrollo de competencias socio afectivas que le permitirán , de manera paulatina y según su etapa del desarrollo, ir identificando y modulando sus propias emociones, y a la vez, le permitan poder reconocer las emociones de los demás, aspectos fundamentales para un adecuado desarrollo psicológico que contribuya al bienestar y salud mental en edades tempranas.
